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Referéndum catalán, Brexit y Mentiras

Como la mayor parte de los españoles veo asombrado cómo una minoría con aspiraciones totalitarias pretende imponer sus ideas a una mayoría.

Porque sí, estamos hablando de un grupo de partidos que sin tener siquiera la mayoría de votos se irroga la representación del sentimiento de todos los catalanes. Sin contemplaciones éticas ni legales, insultando a quienes difieren de su parecer, repartiendo certificados de buen y mal catalán, manipulando a los niños en los colegios, diciendo que hay que luchar contra el centralismo autoritario y represivo del Gobierno del PP como heredero del franquismo. Todo vale con tal de imponer sus puntos de vista.

Tremendo. Yo viví en Cataluña y mantengo buenos amigos de esa época. Una sociedad antes destacada por su seny, por su sentido práctico de la vida y los negocios, por su dinamismo económico y cultural. Donde todos los colores eran bienvenidos. Sentía hacia esa tierra una sana envidia por sus tradiciones, por la amabilidad de su gente, por lo rico de su cultura y su lengua.

Pero ya entonces -hablo de hace 17 años- se veía de vez en cuando cierto tufillo despreciativo al no catalán. Salvo un par de ocasiones en dos años -imbéciles los hay en cualquier sitio- nunca se me faltó al respeto aunque sí a personas que conozco. Lo que si vi fue gente que viviendo en ciudades (no hablo aquí de payeses) hablaría muy bien el catalán, malamente el castellano y poco o nada de otros idiomas, y pretendían ser muy europeos. Me decía alguno a la cara, refiriéndose a un conocido común, que “es un buen tío pero demasiado españolista”, razón por la que restringía su relación al mínimo.

De entre todas las mentiras que se lanzan desde la Generalitat y asociaciones y partidos políticos afines, la que más me molesta es esa de que lo democrático es votar. Y que quien niega el “derecho a votar” es un fascista de mierda. A mí me llega como un insulto a la inteligencia de las personas: pura manipulación que quizá se crean sus impulsores pero que no resiste la más mínima visión crítica e informada. Otra mentira es que “Cataluña seguirá en la Unión Europea”, a pesar de las advertencias de la Comisión Europea y de la literalidad del texto de la propia Unión. O que, como recientemente dijo el ínclito Puigdemont, “Cataluña será un Estado Ciberseguro”: otra de sus muchas memeces.

 

Para mantenerse en el poder, David Cameron concedió el referéndum sobre la continuación o no del Reino Unido en la Unión Europea. Ante la sorpresa de muchos ganó el voto del Brexit por un exiguo 52% frente al Bremain. Hace unas semanas Puigdemont dijo que ese referéndum ilegal sería vinculante con una participación del 30%. La del Brexit se situó en el 72,2% (ver artículo en la BBC) El 55,8% de Irlanda del Norte y el 62% de Escocia votaron por quedarse. Pero los números son los que son, y esta estrechísima diferencia supuso un cambio tan complicado y largo, con muy inciertas consecuencias y pocas de ellas alentadoras para los británicos, como va a suponer abandonar la UE. Para algunas decisiones no puede bastar una mayoría de la mitad +1  sino que se debería exigir bien cualificada.

Esta votación fue posible, entre otras razones, porque por ejemplo Escocia había sido anteriormente un Reino independiente que posteriormente se integró en lo que sería el Reino Unido. Cataluña jamás ha sido independiente como Estado ni País, y las alusiones a fantasías como una supuesta corona “catalano-aragonesa” (inventada por nacionalistas sin pudor histórico e incorporada a los libros de texto sustituyendo a la Corona de Aragón) o las manipulaciones de la Guerra de Sucesión (con “u”) pretendiendo convertirla en conflicto de secesión, entre otras muchas mentiras interesadas, hacen imposible comparar a efectos de legitimación un caso con otro.

 

Hablábamos antes de votar y de democracia. Votar es parte de la democracia pero no cualifica su entorno como democrático. En las Cortes franquistas se votaba; en la Venezuela de Maduro se vota, el partido nazi subió al poder con votaciones, en la Duma rusa se vota. ¿El hecho de que se vote supone que se está en una democracia? Pues no.

La democracia es mucho más. Es pluralismo, es Estado de Derecho, es libertad de opinión (sin que se le echen a uno encima), es respeto a las minorías. Así que afirmar que se puede votar en contra de las leyes es invitar a saltárselas. Porque si vamos a desobedecer unas, ¿por qué no también otras? De aquí a la anarquía ya es cuesta abajo: todo tipo de asociaciones y comunidades podrán montarse votaciones internas para orillar la legislación vigente. ¿Esto es lo que quieren los promotores de esta movida en Cataluña?

La manipulación y adoctrinamiento de los niños en los colegios públicos son una de sus acciones más vergonzosas: una Historia alternativa, incitación al odio a España porque supuestamente “ens roba” (cuando los mayores chorizos son respetables y honorables catalanes), y desdén hacia una lengua que es la segunda más hablada del mundo y que 472 millones de personas la tienen como lengua materna (Informe Instituto Cervantes 2016, PDF descargable) Todo esto no es democrático. Es fascismo nacionalista.

Esta algarada y lucha contra el Reino de España por parte de una de sus autonomías por independizarse (a pesar de tener uno de los mayores niveles de autogobierno del mundo) probablemente sería vista de otra forma si digamos que un 75-80% de los catalanes con derecho a voto apoyara a los partidos que se presentan a las elecciones con la independencia como parte esencial de su programa. Pero dista mucho de ser así. No tienen  la mayoría de los votos (un 47% las últimas elecciones) pero son los que más ruido hacen, más presionan a los indecisos y señalan como “traidores” y “botiflers” (¿cuántos de los que usan este calificativo conocen su significado histórico?) a quienes piensan de otra forma.

Pero no. Al contemplar Artur Mas toda la gente que acudía a la Diada probablemente se puso políticamente cachondo y decidió que el pueblo catalán está con él y sus ideas. Desde entonces ha ido bajando el número de asistentes (según los organizadores y la Guardia Urbana) , su partido CiU ha desaparecido, su sede fue embargada, buena parte de los integrantes de ese partido han terminado comulgando con las ideas más secesionistas, él ya no es President, se le avecina un embargo de más de 5 millones de euros por el dinero público que se gastó en una consulta ilegal,  y ha entregado el Govern a la CUP. Un partido antisistema que se llevó solamente el 8,2% de los votos (ver resultados). De matrícula. Todo un servidor público.

En fin. Una muy triste confrontación de la que casi nadie saldrá ganando. Sí que hay mucha tensión en la calle, con hechos que se acercan peligrosamente a la Kristallnacht antijudía. Algo que no es muy democrático precisamente.

Lo único bueno de todo esto es que esperemos que adelante las próximas elecciones catalanas, en las que los partidos que defiendan la independencia lo afirmen con claridad inequívoca. Así veremos cuántos catalanes apoyan realmente estas ideas. Cuando lleguemos al río veremos cómo cruzarlo… si es que hay río.

Y que se imponga el sentido común, el respeto a la democracia y sus leyes, y la decencia política. Porque lo demás es manipulación y mentiras para presionar al prójimo.

 

Imagen: elaboración propia a partir de las de Atlantico.net y de Geek Parenting Podcasting.

 

 

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