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Presentaciones que matan … de aburrimiento.

Presentaciones NADA eficaces¿Por qué se desaprovechan las presentaciones convirtiendo la mayor parte de ellas en un monólogo sin interés? Es que hay gente a la que se debería prohibir el acceso a una tarima armada de micrófono y Power Point para matar de aburrimiento a los asistentes al evento.

 

Todos hemos vivido el calvario de una malísima presentación. Llega el individuo –la incompetencia al presentar no entiende de sexos-, se presenta, agradece la oportunidad, y al grano.

Es uno de esos que confunde el PowerPoint con el Word, porque lo que hace es pegar los capítulos del informe de 168 páginas a las diapositivas. Imágenes, pocas y malas: se nota que están “robadas” de Internet o que son las prediseñadas que vienen con el programa. Colores mal elegidos, uso de Comic Sans Serif y muchas animaciones distintas o ninguna en absoluto. El vídeo no arranca. Ah, y si ha ido menos gente de la que se esperaba regaña a los presentes. Y todos estos desmanes los comete protegido tras un atril o una mesa, inmóvil como un entrenador de fútbol haciendo declaraciones tapado por las botellas de agua y la pantalla con anuncios de los patrocinadores.

Cuando empieza a hablar resulta evidente que cree que nadie en la sala ha ido al colegio porque se dedica a leer todo lo que pone en cada diapositiva. Cambia de voz solamente cuando se le queda momentáneamente ronca. O para para respirar. Y, sobre todo, se le nota mucho que no le interesa lo que cuenta, no le gusta contarlo y que además le han nombrado voluntario para ir a la palestra.

Digámoslo claramente: hay muchísimas presentaciones que atentan contra los derechos humanos más básicos. Debería ser posible llamar a un número de teléfono de emergencias para que se lleven al presentador. O, al menos, que no estuviera tan mal visto el levantarse y, con cara de aburrido, irse para dedicar el tiempo a algo interesante. Basta ya de la impunidad de tanto presentador sin escrúpulos. ¡Indignémonos!

Es lo que debieron pensar en 2011 quienes fundaron en Suiza el Partido Anti Power Point. Afirman que cada mes 250 millones de personas en el mundo son castigadas con presentaciones usando ese programa. Incluso le ponen un coste a la economía suiza: casi 1.700 millones de euros anuales. Una pasta.

Lo cierto es que la culpa no es del software sino de quien lo usa. Es el ponente quien, al igual que un profesor, sabe hacer de su actuación algo agradable o espantoso. Coincido con el criterio de unas diapositivas llamadas  “You Suck At PowerPoint !” : el hecho indiscutible es que el culpable de la anestesiante  presentación es… el presentador.

 

Porque esto, como tantas cosas en la vida, es cuestión de actitud. Veamos la traducción imaginada de lo que el presentador-castigador dice a lo que realmente piensa (entre paréntesis y cursiva lo que quien habla realmente piensa):

-“Me siento honrado por poder participar en este evento puntero” (¿A quién coño se le habrá ocurrido organizar esta memez?)

 

“Deseo agradecer la invitación a Anastasio García, director de la empresa y a quien conocéis bien. (Es que  hay que ver cómo me odia el  muy cabrón.  Me  está haciendo la vida imposible para ver si me voy sin tener que pagarme la indemnización.)

 

-“Vamos a compartir en esta breve exposición los últimos desarrollos en materia financiera de la empresa.” (Como si le importara a alguien mientras no quiebre o bajen los sueldos),

 

  -“Hablaremos de futuro, de innovación y del desarrollo de los profesionales que trabajan en la empresa. (Estoy a punto de vomitar. No sabía que la secretaria del jefe fuera tan pelota como para poner esta mentira en el discurso justo antes de cerrar el ERE que están negociando en secreto con los nuevos accionistas)

 

“Y sin más preámbulo entremos en el objeto de esta reunión.” (Cuanto antes empecemos antes acabaremos  esta farsa que nadie se cree)

 

“Bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla.”  (Menos mal que el informe está copiado entero en la maldita presentación y así no se nota que me importa una mierda)

 

-“Con esta última cifra llegamos al final. ¿Alguna pregunta?” (Seguro que el chupaculos de López hace una pregunta estúpida para quedar bien ante García. Le volveré a leer la parte del informe que más me convenga para que se calle y dejarle en ridículo)

 

-Pues solamente queda agradecer vuestra presencia y desear que nos volvamos a ver todos compartiendo una ocasión así de enriquecedora. (Menos mal que se ha terminado la jodida presentación. Saludo al cabrón  de García y a la arpía de su secretaria con la que seguro que se acuesta y me largo a tomar un café)

Con esta actitud del ponente y el ambientillo motivador de fondo por parte de la empresa, ¿cómo va a salir una presentación interesante? Imposible, a menos que sea un reality show.

 

¿Qué podemos hacer para evitar estos castigos en forma de presentación? Pues vayan estas reflexiones  para ReThinkear las exposiciones corporativas:

  • Una presentación debe ser vista como lo que es: una ocasión para transmitir un mensaje. Siempre se ha dicho que uno de los principales problemas de la empresa es la falta de comunicación entre departamentos. Y otro problema no menor es la poca identificación de los empleados con los objetivos generales, normalmente porque no los conocen. Aprovechemos la presentación para atenuar ambos problemas.
  •  Quien presenta tiene una magnífica ocasión para darse a conocer como profesional solvente en su materia. Lejos de ser un castigo es una oportunidad para promocionarse.
  •  Es verdad que el sistema educativo español no fomenta precisamente la exposición de palabra. Una de las peores pesadillas de los alumnos es que el profesor diga que el próximo será oral. Mientras que en el sistema anglosajón lo normal es hacer presentaciones de trabajos a la clase y a otros foros, en España se hace tres o cuatro veces por curso. Muy poco. Una diferencia que influye en la competitividad de los futuros profesionales. Otro asunto que hay que revisar.

 

Tengamos presente que presentar es sintonizar conocimientos y actitudes. Es compartir una serie de datos que se consideran útiles para conseguir el objetivo de la empresa u organización que monta el evento. Que se busca un bien común. Pongámonos a ello.

Personalmente creo que quien sabe tiene el deber de compartir. Que el conocimiento bien organizado y puesto a trabajar es uno de los motores que nos sacarán de esta dolorosa crisis económica.  Así que cuando tengamos la ocasión de compartir nuestra experiencia, hagámoslo de una forma interesante para todos los participantes y eficaz en su función de comunicar ideas, datos y objetivos.

Disfrutemos de las presentaciones en vez de sufrirlas.

Imagen: Maff Long

 

 

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